lisa Esther y ... su mundo

28 junio 2006

¿Educar para ser felices o libres?

El título del post parece contradictorio, pues para ser auténticamente felices es imprescindible ser libres. No obstante, la práctica diaria nos demuestra que es necesario hacerse esta pregunta. Nadar contra corriente, ser siemrpe un salmón y no callarse nunca (tampoco ante l@s poderos@s) tiene consecuencias, y no precisamente muy gratificantes y fáciles.
A mí me duele enormemente escribir esto, máxime cuando soy profesora y madre y quisiera transmitir a mi hija (por supuesto, también a mis alumn@s) que merece la pena luchar por lo que un@ cree, que no hay que amedrentarse ante nada ni nadie, que la verdad sale finalmente a la luz y que "l@s buen@s" tarde o temprano ganan (como en las películas y los cuentos).
Me parece crucial creer en todo lo dicho anteriormente si un@ se dedica a formar futur@s ciudadan@s y por ende, futuras sociedades. Me parece imprescindible creer que lo que hacemos en clase redunda en la sociedad; que estamos implicad@s en la labor de construir un mundo más justo, más libre y mejor para tod@s. Creo firmemente en todo lo anterior y estos principios han guiado siempre mi vida personal y laboral, pero creo que llega el momento de preguntarse si tanta lucha merece la pena.
¿Por qué en los centros docentes se tienen problemas cuando se defienden cosas como las siguientes?:
  • No es justo que a l@s interin@s se les deje lo que nadie quiere dar. Para evitar problemas y demostrar que creemos en la igual valía (al menos apriori) de tod@s l@s compañer@s se debería normalizar la rueda a la hora de repartir horarios -esto provoca mucho malestar entre los compañer@s, ¿por qué? ¿se cree que hay docentes de primera y de segunda?-
  • Tod@s l@s alumn@s tienen derecho a la educación. Esto incluye a tod@s, incluso l@s problemátic@s.
  • Los claustros son el órgano prioritario para participar en la vida del centro. ¿Por qué se mira mal al compañer@ que interviene con más de un ruego o una pregunta? ¿Por qué molesta que "se alarguen innecesariamente éstos" -lo digo con ironía-?
Una se cansa de malas miradas, de tantas críticas... y se pregunta entonces ¿merece la pena? Quizás deba empezar a enseñar a mi hija que en la vida para ser feliz hay que callar, menos problemas seguro que tendrá. Pero si esto es verdad ¿qué estamos enseñando en los centros educativos? ¿Qué sentido tiene nuestro trabajo? ¿Colaborar con un mundo en el que los privilegios, la falta de igualdad real de oportunidades y tantas otras injusticas son algo habitual? ¿Nos pagan para mantener el status quo?
En fin, difícil la cuestión. Hoy no puedo contestar a mi pregunta. Simplemente diré que hoy es un día triste para mí, ojalá mañana vea luz al final del camino.
Un saludo a tod@s.

8 Commentarios:

  • Perdona, tal como está la cosa, lo que dices del derecho a la educación ¿no crees que debería terminar diciendo "incluídos los que quieren hacer algo"? ¿Por qué se empeña tanta gente en defender los derechos de quienes no quieren estar y tan poca gente se preocupa por los derechos de los que quieren estar y trabajar y estudiar y no los dejan?
    Saludos

    Por Anonymous Anónimo, a 10:42 p. m.  

  • Juan, cuando hablamos de que todo el mundo tiene derecho a la educación estamos incluyendo a todo el mundo, o acaso en el tod@s no quedan incluídos también l@s que quieren estudiar. No sé por qué cuando algún/a docente se acuerda de l@s alumn@s problemátic@s se da por sentado que está obviando a l@s que están motivad@s, interesad@s y que se consideran "buen@s".

    ¿Ampliar el derecho al matrimonio a las parejas homosexuales quita algún derecho al resto de parejas? ¿Acoger en el seno de la escuela a todo aquel o aquella que tenga menos de 16 años es negar a l@s buen@s estudiantes el derecho a la educación? No lo entiendo, de verdad, que alguien me explique esta inferencia, no la comprendo.

    Lo que me preocupa verdaderamente es que l@s docentes no nos cuestionemos más un hecho asombroso: el ser humano es un ser que curiosea, que aprende, que investiga (cuando somos niñ@s no paramos de preguntar, indagar, probar...), ¿cómo es que en un momento determinado ciert@s chic@s se abandonan a su suerte y nosotr@s no conseguimos engancharl@s? ¿Cómo es posible que demos por válida esta situación contranatura?

    De todos modos, muchas gracias por tu comentario. Eres la primera persona que no conozco en carne y hueso que se digna a leer mi weblog y me deja su comentario. Eso anima a seguir en la brecha. Mil gracias sinceras.

    Por Blogger Esther, a 11:05 p. m.  

  • Me ha gustado mucho tu artículo y me identifico plenamente con algunas cosas de las que hablas. No con todas.

    Yo soy maestra y estoy en un IES. Cuando 7º y 8º se pasaron al instituto yo me tuve que quedar en el cole y por primera vez tuve que dedicarme a los cursos inferiores. Jamás en mi vida me han dado tantos besos y tanto cariño pero echaba de menos desesperadamente a mis “petardos” y “petardas” a lXs que ni en la hora del recreo me quitaba de encima porque siempre andábamos con algún proyecto entre manos.

    Me gasté todos los puntos para recuperarles en el instituto y les encontré “apestadXs”. Allí nadie les quería. Allí nadie les deseaba. En cada reparto de horarios comprobaba con horror cómo las personas con las que iba a compartir el año roían su amargura. Probablemente, pienso yo, sienten lo mismo que yo sentí cuando pasé un curso dando clase a lXs más peques. No es mi trabajo. No es lo que sé hacer. No es lo que yo he elegido...

    Afortunadamente para mí, lo siento por ti, Esther, he coincidido en estos 7 años de instituto con mucha gente interina y me alegro enormente de ello. La creatividad y la ilusión que son capaces de aportar muchas de estas personas no siempre las encuentras en gente de la que llevamos ya unos años rodando por estos mundos. La pena es que casi siempre se van; no te acompañan en ese paso de primero a segundo que tanto camino andado te aporta. Si pudieran quedarse, si puediéramos hacer equipos de gente con vocación, sin prejuicios, con ilusión, no importando los años ni la situación, las cosas en el primer ciclo de la ESO cambiarían un montón y no verteríamos a 3º y 4º tantos chicos y chicas que empiezan a nadar en la apatía, el silencio y la pasividad. Al mismo tiempo constato que, cada vez, hay más gente de la "fija" disfrutando enseñar en esta etapa y yo sigo pensando que no lo cambiaría por nada. Algo tendrán.

    Por lo que se refiere al resto de tu artículo completamente de acuerdo.

    Esa realidad virtual en la que estamos inmersXs, de la que queremos participar como merXs espectadorXs es, es la que trata de denunciar María González a través de su artículo “mirar al mundo a través del móvil” que colgué en Docencia unas horas antes que tú pusiste tu artículo. AtrincheradXs detrás de nuestra pantalla, a salvo de tanta inseguridad que generan las palabras, observamos lo que nos rodea sin tomar partido. Un texto de Galeano que me encanta dice: -Los que hacen de la objetividad una religión, mienten. Ellos no quieren ser objetivos, mentira: quieren ser objetos, para salvarse del dolor humano.”

    Pues sí, estoy de acuerdo, esta realidad duele y yo, que también quiero la felicidad, no aspiro a callar. Como mucho quiero aprender a saber decir. Pero eso sí, como dicen algunas personas de la campaña “rompamos el silencio”: “ninguna agresión sin respuesta” (mejor noviolenta – digo yo, pero respuesta)

    Encantada de conocerte un poquito,

    yolajb

    Por Anonymous Anónimo, a 11:07 p. m.  

  • Yolajb, encantada igualmente de haberte encontrado. Llevo ya un tiempo leyéndote y me has ayudado en algunas de mis clases con tus posts. No creo haberme explicado bien si tú desprendes de mi reflexión que valoro al compañer@ por la situación administrativa que ostente. Nada más lejos de mi intención. L@s educador@s ilusionad@s no saben de situaciones administrativas, de licenciad@s o diplomad@s, de ... saben de su trabajo y me encanta encontrármel@s. Hablaba, simplemente, de un ejemplo sencillo que se vive todos los prinicipios de curso en la mayoría de centros, nada más que eso, un ejemplo que cuando se denuncia provoca malestar entre algun@s compañer@s del centro que ostentan ciertos privilegios. Hay otras muchas denuncias que si se hacen públicas en los claustros acarrean "mala reputación" entre el resto de docentes: el uso de software pirata, la discriminación latente hacia las compañeras, el desprecio hacia aquel compañer@ que no se conforma con ser un simple funcionari@ (fichar e irse, no me refiero a ser interin@ o no)... Pero era mi casi primer post y quería ser suave y no ganarme ya la antipatía de antemano.
    Un comentario muy bueno, gracias y nos seguiremos leyendo, espero.

    Por Blogger Esther, a 11:21 p. m.  

  • Yolajb, se me olvidaba, a mí me encanta dar desde los primerillos de la eso hasta los preuniversitarios de segundo de bachillerato. Todos los cursos tienen sus atractivos y motivaciones (también sus dificultades y peculiaridades). Lo interesante sería empezar con ellos en primero y poder llevarlos hasta la pau. Yo no he estado nunca tanto tiempo en el mismo centro, sólo lo he conseguido desde cuarto hasta segundo de bachillerato ( y mi especialidad hace las cosas difíciles), pero todo lo que pueda acercarme a ese ideal (que sí me han contado otr@s compañer@s) es mi meta. Además, es la oportunidad de comprobar en primera persona que lo que hacemos DE VERDAD QUE SIRVE PARA ALGO.
    Nuevos saludos y muchas gracias, de verdad, por leerme.

    Por Blogger Esther, a 11:42 p. m.  

  • Bueno Esther cuando nos pasan esas cosas siempre nos sentimos mal, aunque nosotros no tengamos la culpa. Los comentarios a las espaldas ¿Porque no lo hacen a la cara?, las miradas asesinas y todas esas cosas, terminan doliéndonos mucho. Pero siempre hay una persona ahí que te apoya, y yo estoy segura de que tu no solo tienes una, sino que también tienes dos.

    No eduques en el silencio, en el callar, eso no es bueno. Porque así nunca llegaremos a ninguna parte. Habla, grita, y que los demás sepan lo que tu piensas de verdad. Porque la libertad de espresión no esta censurada.

    Un saludo

    Laura

    Por Anonymous Anónimo, a 9:11 a. m.  

  • Las juntas de evaluación la dejan a una así, con ese sabor amargo, ¿verdad?

    Bueno, supongo que a estas alturas ya tendrás una amplia sonrisa.

    De todos modos, yo creo que sí nos pagan por mantener el statu quo, y claro, está feo hacer otras cosas... Por suerte, hay muchas personas que están en la docencia porque no lo pueden evitar, porque es un gusanillo que llevan dentro y les empuja a crear personas enteras, con todas las letras, a admirarse cada día de cómo crecen, de cómo evolucionan, de cómo son únicas y diferentes...

    Ánimo, y descansa, que hay mucho por lo que luchar a la vuelta. No estarás sola.

    Por Blogger Carmen María López, a 3:12 p. m.  

  • Hola, soy joaquín. Soy casi profesor de biología y esto que les preocupa, es algo que a mi me pasa desde que tengo memoria.
    La felicidad -debo decirles- no es un cuento de rosas. El dolor, la indecisión, la incertidumbre, desilusiones también son parte del proceso de ser felices; que por otro lado no es una consecuencia, sino una decisión. Todo depende de como cada uno interprete su universo. Como en la vida misma, son más las veces que nos damos cuenta que estamos vivos por el dolor, que por otros motivos. Crecer duele: duelen los huesos, las caídas cuando aprendemos a caminar, nacer duele.
    No hay felicidad sin libertad. Ser libre implica elegir. Y elegir es lo que en definitiva nos perite sentir felicidad. No la de saber que lo que nosotros queremos, indefectiblemente, se convertirá en realidad (egoístas). Sino en saber que somos actores en la obra, que sin importar que tan parecido sea el resultado a nuestros deseos, nosotros somos parte de eso.
    Hace años que de una u otra manera soy docente, como ayudante de cátedras, pasante, practicante, etc. Pero desde hace seis años trabajo en una fundación con chicos que tienen problemas diversos: económicos, familiares, sociales y demás. Empecé pensando que yo les iba a enseñar como salir adelante y me choqué contra ellos. Hoy entiendo que ellos me cambiaron más a mí de lo que yo a ellos. Ahora sostengo que yo, no voy a educarlos, sino a un encuentro donde todos nos modificamos mutuamente. Y, en última instancia, yo no les digo como vivir sus vidas, sino que les muestro como vivo la mía; y les demuestro que es posible.
    Ahora soy más feliz, logro lo que quiero, ya no estoy atado al sufrimiento del fracaso. Se qué es lo que puedo lograr y no tengo que preocuparme por categorías como "problemático", "excluido", "marginal", somos todos iguales. Yo estoy en el único rol que se interpretar: ser yo mismo.
    La libertad y la felicidad dejan así de ser conceptos, y se transforman en una sensación sutil, pero que se puede saborear todos los días.

    Por Anonymous Anónimo, a 5:00 a. m.  

Publicar un comentario

<< Inicio